Terminando el camino de Buenos Aires

Corrían los últimos días de Mayo y el reloj seguía su infame movimiento, ya tan solo faltaban 4 meses para correr esos 42 inmensos kilómetros en Buenos Aires; y tras la aparición de aquel fantasma llamado “bandeleta” se veía aún más retador que los días previos. La recomendación médica era no correr por mínimo 4 semanas, lo que haciendo matemáticas básicas, implicaba que solo quedarían 3 meses para terminar el entrenamiento.

Algo que se tenía claro es que no podía parar del todo, ya que si bien no podía correr se debería hacer algo cardiovascular para no perder la forma que había ganado. La bicicleta aparecía como una opción razonable y fue así como conocí ese extraño mundo de Zwift; aunque tengo que aceptar que cuando montaba bicicleta en el simulador me sentía como un hámster en su ruedita, igual ponía el máximo esfuerzo con estas sesiones. Esto era un poco premonitorio para el 2020 cuando la trotadora sería el único medio para entrenar y el Zwift sería la herramienta número uno para mantener la motivación.

Los días pasaban entre bicicleta y sesiones de fisioterapia (suena como si el trabajo no estuviera presente, pero era otro punto que no ayudaba a la recuperación rápida al tener muchas veces que estar sentado durante varias horas del día sin poder estirar).

Tras regresar a los entrenamientos de running a finales de Junio y con la ansiedad que generaba ver cómo pasaba el tiempo, el panorama ya de por sí complejo, se completó al sufrir una lumbalgia mecánica que según el médico fue generada por una compensación de la “bandeleta”. Otras dos semanas de recuperación o tendría que decir, otras dos semanas menos de preparación.

Llegó el momento de la carrera más esperada previo al maratón. La Media Maratón de Bogotá. Esta carrera era un objetivo importante, donde se tendría que medir como estábamos con miras a Buenos Aires, pero más allá del testing era la primera vez que correría 21 kilómetros y lo necesitaba para darme confianza para afrontar distancias mayores. Sin embargo, tras las lesiones, acordamos con mi entrenador que no la correría para cuidarme al estar tan recientes las lesiones. En definitiva, no correría la MMB y por ende, llegaría a correr mi primera maratón sin correr de manera oficial distancias superiores a 15 kilómetros.

En agosto finalice mi periodo de recuperación, ya me sentía en óptimas condiciones y la ansiedad se encontraba en sus niveles máximos. Reinicie los entrenamientos a plena máquina, mi mente me pedía correr todos los días y mi cuerpo lo permitía. Sin embargo mi mente me recordaba de manera constante, las semanas que no había entrenado y me gritaba que ese tiempo de paro me pasaría factura en la carrera. 

En agosto viaje a Buenos Aires , lo que me dio la oportunidad de correr por sus calles y faltando apenas 1 mes para la maratón, me dio una motivación extra y se amplificaron las ganas de correrla.

No sabíamos cuál sería el resultado, proyectamos un resultado cercano a las 4 horas, pero las semanas en que había estado lesionado no ayudaba mucho a poder proyectar el resultado, ni tampoco planificar adecuadamente la carrera. Muchas preguntas para contestar en la competencia.

La preparación de esta maratón fue intensa y estuvo acompañada de sentimientos intensos y variados; donde la ansiedad prevaleció, pero donde también aparecían continuamente  la emoción, la tristeza, la desolación y mucha, pero mucha esperanza.

«Los obstáculos no son más que el condimento del triunfo«

Mark Twain

Imágenes de las sesiones de fisioterapia en la recuperación de la «bandeleta» y de la lumbalgia.

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